martes, 19 de febrero de 2013

Me gusta cerrar los ojos, pero no me gusta estar con los ojos cerrados. Puede parecerte absurdo, quizás ilógico. Sinceramente, no tengo ni la más remota idea, sólo te diré que para mí tiene sentido. ¿Cuántas cosas pensamos que tienen sentido únicamente para nosotros? Miles, a lo mejor cientos, o puede que millones. ¿Quién sabe? Es probable que esas cosas sean las que en cierto modo nos hacen únicos. Sí, únicos como un ser humano, como un perro, incluso como un árbol o como un marciano si es que existen. Absolutamente todo en este infinito universo es único, y cuando digo todo quiero decir todo, sin ninguna excepción y con todas y cada una de sus letras por pocas que sean. Hay cosas que son fabricadas iguales para complacer a los únicos, a pesar de que ellas también son únicas. Pongamos un ejemplo, el bebedero de un hamster. Tú lo ves, y piensas que podría haber otro igual, y no sólo uno, sino tropecientos más. Pero no es así, tiene algo especial, por muy insignificante que sea, por ejemplo, la hora en el que fue fabricado; Los animales pueden ser de la misma raza, pero cada uno tiene un corazón diferente, emiten un sonido que les define y unos gustos personales; Hay personas que imitan a otras porque piensan que ese alguien es mejor, y otras que copian en forma de ser, pero cada uno tiene una personalidad única la hayan conseguido sacar al exterior o no. La gente dice que ''hay personas que no son originales'' o que son ''simples imitadores''. No puedo permitirme pensar eso bajo ningún concepto, pienso que son personas con necesidad de encontrar su propia personalidad, de encontrarse a sí mismos. Puede que para ti esas personas no sean originales, pero para la persona que está enamorada de ella sí. Su indescriptible mirada, esa sonrisa que le caracteriza y que no consigue borrarse de tu mente, ese tono de voz con el que te habla que te hace temblar, o ese olor de aliento que hacen que tu corazón vaya tan rápido que parece que se detengan tus latidos por un instante que intenta ser eterno. Todo eso que adoramos o odiamos de uno mismo, nos hace especiales. Cada palabra que pensamos, cada suspiro que tomamos, cada sonrisa o lágrima que dejamos escapar sin poder remediarlo... Todo lo que no te imagines, y todo lo que consigas imaginar, te forma. Cada micromilésima de segundo de nuestra vida, y probablemente también de nuestra muerte, nos hace yo's. Y digo yo's porque tú puedes ser un animal, un corazón, una planta, un cuerpo inerte, o un peluche mimado de hace años que ha acabado en un cajón de tu habitación. Tú puedes serlo todo, y de hecho, lo eres todo.

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