Pero la realidad acuchillaba mi corazón con saña, lo convirtió en un colador. Maltratado éste ya no sabía amar. Tan herido temía volver a creer en todo aquello que le hizo sentirse vivo y a la vez lo hizo morir agonizante.
Pero por alguna extraña razón quién me había roto era el único capaz de arreglarme. El único capaz de curar las heridas que, con el tiempo, no cicatrizaban sino que solo aumentaba su escozor. Pero la propia cura dolía, dolía y mucho. Dolía escuchar un 'te amo' que le habías susurrado antes a otra devaluando su significado. Pero a la vez era tan vital para mi escucharlo... Poco a poco los escudos que yo misma había creado para protegerme de mis sentimientos fueron desapareciendo y el corazón gano a la razón.
¿Alguna vez has creído en un 'para siempre'? Si la respuesta es un 'no' no vas a ser capaz de entenderlo. Déjalo. Ni te esfuerces. Por el contrario yo si creo en los 'para siempre'. He llegado al punto en el que él es parte de mi, todo, ya que mi Universo gira en torno a él. Puede que sea estúpida. Probablemente lo soy. Me diréis lo típico de 'no dejes que alguien lo sea todo porque cuando se vaya no te quedará nada'. Y si, esa frase es completamente cierta. Créeme. He vivido sin ti y eso no es vida. Pero así es el amor. Incomprensible. Arriesgado. Contradictorio. Inestable. No es para cobardes. Capaz de hacerte tocar el cielo y matarte en la caída. Pero gracias a él mi vida tiene sentido. Si. Tengo un motivo por el cual levantarme cada mañana o simplemente respirar. Si y él es mi motivo. Él me ha devuelto a la vida y me ha hecho feliz. Consigue que a su lado el resto del mundo desaparezca porque él se ha convertido en mi mundo. Y creedme, no lo cambiaría por nada ni nadie. No quiero volver a estar sin él nunca. Sin él no soy nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario