viernes, 21 de septiembre de 2012

Vamos ha perder el control.

Esta noche va a ser para perder el control, alquila un local, compra bebida,lleva sofás,sillones y colchones, y que no falte la persona que diga barra libre para todos, también es muy importante la música eso que no falte, contrata al mejor DJ de la ciudad, manda invitaciones a todos tus amigos no puede faltar ninguno.Bien una vez que has echo eso es el momento de preparse para la party hard la mejor fiesta de todos los siglos.Tacones altos vestido corto y deslumbrante esta es tu noche y tienes que ser el centro de atención, labios color rojo pasión, sombra de ojos con un poco pero muy poco de purpurina, el pelo... te le dejas suelto completamente un poco despeinado pero sin pasarse.Y estas lista para salir a darlo todo.Llegas a la fiesta lo primero que ves todos tus amigos bebiendo, unos ya casi están borrachos, el DJ poniendo música, la gente bailando, y tu en el centro de la pista con tu vaso de Malibu dándolo todo y más.Sales a la calle y ves a tus amigos fumar a ti no te gusta te vuelves dentro y sigues dándolo todo. Las 5 de la mañana la gente se empieza a marchar.Fue la mejor fiesta y lo sabes. 

sábado, 8 de septiembre de 2012

Dichosa bufanda gris.

Entras a la tienda y ves una bufanda. Gris. ''Como me gusta esa bufanda gris''. La admiras. Quieres que sea tuya. Miras el precio. No es cara. Bien. Y entonces empiezas a hacer el tonto, te la pones delante de la cara y haces bromas con tu amiga, quien se ríe por miedo a decirte que no tiene gracia. En realidad lo hace por cumplir. Ahora te da por mirar a través de los agujeros de la dichosa bufanda. Que absurdo es. En cada uno de esos pequeños orificios ves una cosa distinta. Una lámpara si miras hacía arriba. Una baldosa si miras hacia abajo. Y un chico si miras hacia delante. ''Que chico más guapo''. Piensas. Normal, está tremendo. Y entonces él, que ve que estás haciendo el gilipollas, y eso le llama la atención, te mira. Y se acerca y empezáis a hablar. Y compráis la bufanda juntos, mientras le explicas lo mucho que te gusta. Tu amiga te dice que se marcha a casa. Ella se va sin nada y tu con una bufanda gris y buen partido. Y te da el teléfono y te invita a salir. Y pasáis una buena tarde juntos. Y esa noche también sales, con él.  Y con tu bufanda.Y bebes y fumas. Y sabe dios que más hiciste...bueno, en realidad si lo sabes.  Pero te cuesta entrar en razón. ''Creo que me he enamorado''. Y él te llama al día siguiente. Y al siguiente. Y al siguiente. Y termináis más que juntos. Y al final él te quiere. Y te das cuenta de que tú a él también. Y al paso de los años él te dice lo bonita que era aquella bufanda que compraste cuando os conocisteis y lo tonta que parecías con ella en la tienda haciendo bromas con tu amiga. Y la conclusión que sacas de aquello es que fuiste a comprar  de lo aburrida que estabas, que entraste en mil tiendas y nada te gustaba, que diste con una bonita bufanda, que a través de los agujeros de esta miraste, y dio la casualidad de que de toda las personas de la tienda el agujero coincidió con su cara. Que él te miró de lo patética que eras y que terminasteis con un final feliz, por el momento. No os digo que una bufanda gris os vaya a encontrar el amor de vuestras vidas. Ni que el chico más guapo del mundo os vaya a esperar en la puerta de la tienda con un ramo de rosas y cuatro mariachis cantando. Solo digo, que a veces, pasa.

Hoy, sí.

Hoy te has puesto más guapa que nunca. Has mirado lo más bonito que había en tu armario, o no, quizá sea solo una simple camiseta que nunca te había gustado pero hoy, las ves bonita. Porque el día de hoy es bonito. Y porque no hacen falta más razones para ser feliz. Y vas a salir de casa y oyes su voz de fondo pidiéndote un bolígrafo. Un simple bolígrafo. Y no sabes para que lo quiere, pero tampoco te importa, porque es solo un ejemplo más de que te necesita, aun siendo solo una tontería. Pero una tontería de las bonitas. De las que cuando vayas a darle el móvil el te va a mirar con los ojos con los que te mira siempre. Y no se va a molestar en preocuparse si hoy vas más o menos maquillada, porque él, aun conociendo tus defectos, siempre te verá igual de perfecta. Y te preguntas el tiempo que has tardado en encontrar a alguien así. O en cuanto durará el ser feliz. ¿Eso se gasta? Y sabes que si, pero esperas que el fin de todo aquello tarde mucho en llegar. Lo suficiente para pensar que todavía quedan motivos para seguir adelante con él. Y sabes que este ha sido un camino difícil. Y que has luchado por llegar a la meta. Y que él estaba allí esperándote. Pero sabes que hubieras recorrido el mundo entero con tal de encontrarlo. Porque el mundo es muy pequeño cuando estas enamorado, y eso lo debes de saber tú más que nadie.

El tiempo espera.

A veces tienes miedo a perderlo todo, o simplemente ha hacer algo que pueda llevar a ello. O puede incluso que tú no seas el culpable de dejarlo marchas. Simplemente dejar que todo pase. Sin recuperarlo nunca. Como el tiempo. Pasamos las horas esperando que ocurra algo extraordinario, pensando las posibilidades que tenemos que aquellos siga ahí, esperándote. Y sientes ese vértigo al olvido. A pensar que no estará, o sí, pero no de la misma manera. Y puede que lo pierdas con una sonrisa o con una lágrima. Pero sigues sintiendo esa agonía que te deja atrás, como el mar. Y piensas que es una simple ola. Como un sueño, que se eleva hacía lo alto para luego romper en la orilla, sin más. Y es posible que sea así, o puede que no. Pero sigues recapacitando. E imaginas como será si desaparece, en donde sacarás las fuerzas para recuperar ese pedazo de tu alma que desaparecerá con ello. Y con recuerdos que nunca olvidarás que irán desvaneciendo. Y entonces vuelve el vértigo y el miedo a equivocarte. A esperar de nuevo al tiempo. Y cuando quieres darte cuenta, es tarde.

Sueña que no estás triste.


La joven solo pudo respirar. Tumbada en la cama con los ojos cerrados, el corazón en
un puño y el alma susurrando sus recuerdos. El miedo a equivocarse o a haberse
equivocado. La historia de los temores.  Tener el presentimiento de que las cosas no irán
bien, e imaginar modificar lo que vendrá, por la cobardía de lo malo que pueda venir.
Y solo le quedaba soñar.  Dio un par de vueltas en su cómoda cama, intentando hacerle
un hueco a tantos sentimientos que ni siquiera ella conocía. O no quería conocer.
Pero pensó que era mejor así. Soñando libre. Sin un reloj que cuente las horas que
quedan. Sin un aviso previo. Tan solo con su mente.  Olvidando los motivos de su
sufrimiento. Y siendo un poco más feliz.  Soñando que no está triste. Con el corazón
hablando a gritos. Y cerrándole la puerta.  Porque a veces, aunque sea en pocas
ocasiones, tanto el corazón como la mente se equivocan, y la solución, simplemente,
está en soñar.